Mi nombre es Ernesto y soy novicio en un convento franciscano en Asís. Mi aspiración es formar parte del clero, deseo consagrarme a las reglas de castidad, obediencia y pobreza por amor a Dios. Nuestro convento está dirigido por el Abad Guillermo, que debe obedecer estrictamente como cada uno de nosotros, al superior de nuestra orden y a Su Santidad el Papa. Mi celda es pequeña, tiene un camastro, un crucifijo y un clavo para colgar mi hábito. Mi vestimenta se compone de un simple sayal de lana y sólo sandalias de madera son mi calzado. Nuestra vida es sencilla como la de un campesino. Nos levantamos antes del alba y oramos, luego nos dedicamos al trabajo: labramos la tierra o reparamos el convento, pedimos limosnas y las repartimos entre los pobres. Algunos enseñan en la escuela o cuidan enfermos. Pero, ocho veces al día dejamos nuestro trabajo para orar. Hace unos meses se me ha ordenado que acompañara a Fray Martín en su viaje a Padua. En este viaje he ...