Miércoles 28 de noviembre
Desembocamos por el Estrecho para entrar en el gran mar, al que dimos en seguida el nombre de Pacífico y en el cual navegamos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia, y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber estaba igualmente podrida y hedionda.
Para no morirnos de hambre, nos vimos aun obligados a comer pedazos del cuero de vaca con que se había forrado el palo mayor para evitar que la madera destruyera las cuerdas. Este cuero, expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que era necesario sumergirlo durante cuatro o cinco días en el mar para ablandarlo un poco; para comerlo lo poníamos en seguida sobre las brasas. A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una.
Sin embargo, esto no era todo. Nuestra mayor desgracia era vernos atacados de una especie de enfermedad que hacía hincharse las encías hasta el extremo de sobrepasar los dientes en ambas mandíbulas, haciendo que los enfermos no pudiesen tomar ningún alimento. De éstos murieron diecinueve y entre ellos el gigante patagón y un brasilero que conducíamos con nosotros. Además de los muertos, teníamos veinticinco marineros enfermos que sufrían dolores en los brazos, en las piernas y en algunas otras partes del cuerpo, pero que al fin sanaron.
Antonio Pigafetta: Vicenza, Italia, 1480 - Vicenza, 1534. Noble que fue explorador, geógrafo y cronista. Fue uno de los 18 hombres de los 265 de la tripulación inicial que sobrevivieron a la expedición.
Comentarios
Publicar un comentario