Leonardo contaba con treinta años cuando deseoso de encontrar nuevos campos para conquistar, dejó su ciudad natal de Florencia, decadente bajo los Médici, y se dirigió a Milán que florecía bajo el gobierno de Ludovico Sforza. Fue a él a quien le dirigió esta carta: “Muy ilustrísimo señor: Habiendo visto y considerado los experimentos de todos aquellos que se dicen maestros en el arte de inventar instrumentos de guerra, y encontrando que sus invenciones no difieren de las conocidas, me animo (…) a solicitar a Vuestra Excelencia una entrevista en la cual le haré conocer alguno de mis secretos. Puedo construir puentes muy livianos, fuertes y portátiles (…), y otros más sólidos que resisten el fuego o el asalto y sin embargo, son fáciles de colocar en el lugar adecuado; y también puedo quemar y destruir los del enemigo. En caso de sitio puedo cortar el agua de las trincheras (…). Si debido a su elevación no es posible bombardear un sitio determinado, puedo demoler cual...

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