Astrolabio: es un antiguo instrumento que
permite determinar la posición y altura de las estrellas sobre el cielo. La
palabra proviene del griego y puede traducirse como “buscador de estrellas”.
Con su uso determinaban la hora y la latitud. “Era sumamente difícil mantener
con firmeza el instrumento en la cubierta de un barco. Los exploradores (…)
preferían, cuando era posible, hacer sus observaciones en tierra y colgaban sus
astrolabios de trípodes colocados en la playa”. Parry, “Europa y la expansión
del mundo”.
Portulano: Su nombre hace referencia a
“alcanzar un puerto seguro” y eran cartas náuticas que intentaban ubicar con la
mayor precisión la posición de los puertos, así como los detalles más
relevantes de costas y tierras en las rutas de los navegantes. Surgieron en el
siglo XIII pero continuaron desarrollándose en el XV.
Brújula: Chinos y árabes ya conocían la
capacidad de una aguja imantada de señalar el norte. Al principio se encontraba
flotando en una vasija llena de agua, con el tiempo fue cambiando su armado,
para ser más útil, pasando a ser una brújula seca. Navegantes europeos montaron
la aguja sobre un eje y la encerraron en una caja (“bússola”, de ahí brújula).
Más tarde se le agregó la “rosa de los vientos”, un disco con marcas de
divisiones, que señalaba 32 direcciones celestes, la cual se siguió usando
hasta fines del XIX.



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